viernes, 30 de marzo de 2012
De la gruta
miércoles, 7 de marzo de 2012
Federica
domingo, 13 de noviembre de 2011
Cuentos de Julia
Una vez, un cepillo de dientes que tenía color rosa y caminaba. Un día se encontró con dos desodorantes y les dijo a los desodorantes "¿Qué hacen en la facultad?" y el cepillo dijo que era su escuela, y era mentira lo que decían. Pero ellos dijeron que mire para arriba que estaba la facultad en realidad, y el cepillo se fue corriendo para que ellos no le digan nada más, y se fue corriendo a su escuela. Cuando fue a la escuela todos le dijeron "Sorpresa" porque era su cumpleaños, cumplía dieciocho años. La señorita era un perfume. La señorita le dijo que esa no era su escuela. Los chicos tenían verdad y ella dijo que estaba loco... Y él le dijo que no era loco y empezaron a pelearse uno al otro. Se fue a su casa protestando y sus papás les dijeron si tuvo un buen día, pero él les dijo que tenía el peor día de su vida porque lo pelearon la señorita y los papás dijeron "¿Por qué?" y él les explicó todo. Y después les dijeron los papás que no tiene que protestar más, que tiene que ser rudo y golpearles, y nada más. Y se fue feliz a la cama para mañana tener un buen día y golpearle y empezar a protestar todo lo de antes y golpearle todo el tiempo, hasta que ella le pida disculpas. Y después cunado volvió a su casa siguió hablando con sus papás y se fue a la cama y la mamá le dijo que también le puede hacer mentiras a la señorita para que ella se lo crea y se golpia. Y fue feliz a su cama para tener muchos días felices golpeando y diciendo bromas.FIN
Julia y Yo.
Había una vez un castillo embrujado y el castillo feliz. Que un día se quisieron visitar y en silencio se empezaron a despertar cada uno al otro, y las personas que vivían ahí, cuando esperaron los castillos que se fueran, se fueron las personas y empezaron a visitarse.
Empieza en un rato la pelea.
El castillo embrujado tenía color violeta, y el castillo feliz tenía color rosa, y el castillo feliz no le gustaba el color que tenía el castillo embrujado, porque lo tenía violeta MUY MUY oscuro, y tenía paredes rotas que no le gustó, y al castillo embrujado no le gustó el color que tenía el castillo feliz, porque tenía color rosa y no tenía nada roto. La puerta estaba preciosa con color dorado y la de él estaba toda negra. Y entonces se protestaron por la bandera y por su color, porque la bandera del castillo feliz tenía muchas, y el castillo embrujado tenía una sola, rota. Y entonces empezaron a protestar por el color, por las banderas, por la puerta, y emp.... y el castillo embrujado empezó a protestar diciendo "Ey, ¿querés cambiar de cerebro de castillo y querés ser más aburrido, y yo más feliz?" Y el castillo feliz dijo "No, nada de eso, vos lo querés hacer para tener una puerta dorada, colores lindos, miles de banderas, y muchas cosas que tenga adentro, brillantes, por eso estamos protestando, y por eso vos querés cambiar de color." Y el castillo feliz dijo otra vez "¿No querés amigarte un ratito? Le decís a tu dueño si te pinta de otro color para que quedes igual a mí, y seremos amigos por siempre porque tenemos los mismos colores".FIN.
Julia y Yo.
Había una vez un gatito chino que era pobre. Un día lo encontró una señora cuando estaba en Carrefour, y entonces encontró el gatito, y como era tan lindo lo quiso adoptar al gatito la señora.
El gatito la miró feliz a la señora y le dijo "Miau, miau, miau", como si quisiera decir que tenía mucha hambre y no tenía comida. Y la señora quiso... le dijo al gatito que tenía mucha comida de gato, porque estuvo esperando en su año tener un gatito.
Y lo llevó a su casa la señora, y la señora tuvo una hija y el gatito también y entonces vivieron felices con el gatito chiquito y con la hijita grande, y vivieron felices ¡pa-ra siempre!
jueves, 10 de noviembre de 2011
Nubecitas de Colores
domingo, 23 de octubre de 2011
Falsa Alarma Sobre Broadway
-¡Laputamadre! Se murió... Se murió Woody Allen.
Mi primera reacción fue el shock por el talento perdido, por supuesto, el fin de la vida de un ser tan talentoso y a quien yo tanto admiraba, pero sobretodo la culpabilidad de que se hubiera muerto justo el día que yo empezaba mi trabajo cuidándolo.
A continuación un pensamiento emergió en mi mente como un pescado muerto saliendo a flote en la pecera. Los periodistas, los paparazzis, las cámaras de fotos encuadrando al cuerpo muerto de uno de los más grandes cómicos del siglo. Sería una pena que los parientes y amigos de Woody se enteraran fríamente por una imagen televisiva o durante la lectura matutina del diario.Pero, ¿cómo podía hacer para avisarles? Nadie me había dejado ningún número de teléfono o dirección. Ni siquiera un nombre.
Me arrodillé al lado del cuerpo y empecé a revisarle los bolsillos, ¡una libreta! Pero dentro sólo tenía chistes a medio realizar, los cuales, debo confesar, no eran de lo más graciosos. Bajé las escaleras corriendo para buscar la guía telefónica. Debía avisarle a Annie Hall antes de que se enteraran los periodistas.
Cuando estaba profundamente sumida en las páginas de guía telefónica que no contenía ningún apellido que comenzara en H, porque resulta que a pesar de que esa letra es ampliamente utilizada en los Estados Unidos, debido a su carencia de sonido en las hablas latinas no es oficial, y por lo tanto los burócratas telefónicos no permitían su aparición en la guía, resultando así nombres como Ouston en lugar de Houston.
De pronto me di cuenta que bajaban ruidos por la escalera, como de un hombre mayor reviviendo y poniéndose de pie. Efectivamente allí estaba. Falsa alarma.
-¡¿A vos te parece?! -le dije- ¡Morirte así de repente sin haberme dejado ningún número de teléfono para avisar! Ya te sentás en esa silla y me anotás todos los que te sepas... ¡empezando por el de Annie Hall!
Y después me desperté.
sábado, 22 de octubre de 2011
El Secreto Mejor Guardado
Amigo mío, debo informarle que he descubierto algo, algo que puede cambiar la manera de ver nuestra civilización, algo que podría generar tanto revoluciones como indignación masiva.
Lo que ha descubierto su humilde servidor es nada más ni nada menos que el secreto mejor guardado de los estados occidentales e involucra a todos los altos cargos de sus gobiernos... especialmente sus ministerios de educación... y usted ya sabrá por qué.
El método ya es centenario, surgió en Inglaterra al rededor del año 1870, cuando un grupo de educadores de raíz empirista descubrieron, observando a un grupo de estudiantes de medicina residentes de la Universidad de Oxford, cómo mejoraban las condiciones higiénicas y el orden y comportamiento de los mismos en la cercanía a una actividad que involucrara una demostración de desempeño. Así idearon un sistema de examinación regular, cuyo objetivo explícito era, en verdad, una fachada. Lo que verdaderamente se buscaba era ese automático rechazo a la preparación y al estudio, y su consecuente exceso de actividad en otras áreas. Los alumnos, con tal de no sentarse frente a los libros, ordenaban sus habitaciones, limpiaban su ropa y tenían las ideas más creativas (entre las cuales cabe destacar el invento del "cubo rubik", precisamente por el alumno Juan Rubik).
Lo que sigue todos lo sabemos, el método se generalizó, se estandarizó, y hoy es práctica corriente. Según los archivos a los que he logrado acceder por mero actuar del destino, he llegado a saber que un 70% de los avances en tecnología se debe a estudiantes (sobre todo universitarios o de posgrado), intentando evitar lo más posible el estudio. El método es perfecto, el sujeto siente demasiada culpa como para quedarse con las manos vacías sin hacer nada, pero lo suficientemente hastiado como para efectivamente hacer "lo que debería", por lo que se sumerge en ridículas actividades consumidoras de energía que -también según los estudios- sirven por sobre todo en el mantenimiento de la higiene pública, el orden social, y para el incentivo a los avances. Dentro de las actividades realizadas más frecuentemente, se encuentran las producciones pictóricas, escultóricas (sobre todo realizadas con elementos de escritorio, ej: clips) y producción de textos de ficción en soportes como blogs de la web.
Siendo tan grande el secreto que he descubierto, he de comunicártelo, ya que los que lo celan me buscan, y han de encontrarme muy prontamente.
Te deseo suerte, desconocido compañero.
Sé cauto con esta información.
Señor X.
sábado, 10 de septiembre de 2011
OKAPI
Anoche me visitó un okapi en sueños, pero no era esta tierna criaturita que aparece en la foto. El okapi que soñé, por lo tanto el VERDADERO okapi era ni más ni menos que una suculenta hamburguesa gelatinosa de alternados colores fucsia y blanco. Por supuesto, contaba con una doble hilera de filosos dientes porque era una MÁQUINA-DE-DEVORAR. Y ni hablar, como ya habrán supuesto, de que entre sus magníficas habilidades, estaba la capacidad de transformarse en ciervo, o en tortuga de mar, para distraer a sus presas, e incluso volverse invisible. El okapi flotaba más o menos a un metro y medio de altura, y volaba considerablemente rápido. Aún así no nos alcanzó cuando corrimos por todos los techos de la cuadra hasta llegar al JARDÍN-DE-INFANTES-EN-LA-TERRAZA, donde la Seño Vicky y la Seño Cristina nos ayudaron a escondernos según el "Manual de Emergencias y Ataques de Osos y Otras Criaturas Aviolentadas" (cuando el señor del Ministerio de Seguridad tuvo que escribir el manual, haciendo caso de las múltiples cartas de la Asociación de Defensa de los Animales, decidió escribir "aviolentadas" en lugar de "violentas" por que se considera pedante y una violación a los derechos del animal el encasillar la personalidad de las bestias sanguinolentas de esa manera).La duda que me queda es si el okapi se volvió invisible para comernos a nosotros, o a algún pibe desafortunado que hacía sólo minutos disfrutaba de la "hoda dela medienda" con sus compañeritos. Quizá simplemente se fue a hacer las suyas a otro lado. Habría que agarrar a mi inconsciente y cagarlo a trompadas hasta que confiese.
jueves, 8 de septiembre de 2011
En mi encía hay una cueva
La carne se corta y me hiere
una muela justiciera
lunes, 15 de agosto de 2011
Siempre hay una aguja para un descosido
Él tenía un taller con su viejo en la esquina. Las máquinas para cortar la madera, las latas de barniz, todo llenaba el ambiente de ese aroma tan especial. Y de repente, se encontraron con cuatro paredes vacías. Casa, le tenían que empezar a decir a ese lugar, ese lugar tan blanco, tan distinto a todos los ambientes y espacios que habían estado llenando con su trabajo desde tan chiquitos. No tenían ni un mueble, ni una cortina, ni repasadores, ni sillas ni escritorios. Y así como llegaron se pusieron a medir, a calcular, a cortar, a pegar, cada uno en su materia. Él hizo las sillas, ella las tapizó. Ella hizo las cortinas, él hizo la barra para colgarlas, y la amuró en la pared. Los sillones nuevos de madera blanca de pino se cubrieron con almohadones de cuerina del mismo color. "Acá haría falta un revistero". "Yo lo hago, con las maderitas que me sobraron". "No, dejá que hago uno con tela y lo colgamos en la pared". "¿Apoya-vasos?". "Dejámelo a mí". Lo que no se hacía con madera, se resolvía con tela. O los materiales se complementaban el uno con el otro, generando un espacio tan blanco y medido que la luz rebotaba en cada aprovechado rincón, haciendo que pareciera de día las veinticuatro horas. Manteles blancos en la mesa blanca. Sábanas blancas en la cama blanca. Todo encajaba perfecto. Nada de medidas comerciales, patrones ni estándares, el centímetro y la cinta métrica eran la regla. A veces entraban en desacuerdos, como el día en el que decidieron hacer un ajedrez, y terminaron concordando que ella haría el tablero y él las piezas; o hermosos encuentros como cuando él le armó una cajita de pino para sus carretes, agujas y alfileres y ella le cosió un cinturón para colgar las herramientas.
El día que se les complicó fue cuando quisieron hacer un calefón en vez de comprarse uno. Trágico final.
lunes, 18 de julio de 2011
Neutronia

La Diferencia entre el Gol y el Golazo

miércoles, 13 de julio de 2011
Veo Veo, ¿Qué Ves?, ¡Casualidad!
viernes, 10 de junio de 2011
Dame Todas Tus Monedas

No voy a mentir, estábamos en un estado bastante irreal. Las intoxicaciones primarias habían pasado y ahora sólo quedaban las irremediables ganas de jugar juegos de cartas. La explicación es que las cartas estaban en la cajita de madera, en donde nadie, pero nadie se podía imaginar que había cartas. “Es claramente una caja de sahumerios” dijo Paco cuando lo reté a adivinar qué había adentro. Cuando descubrió el verdadero contenido tuve que inventar, con las pocas velocidades de las que podía hacer uso, un juego que, al parecer, mucho sentido no tenía.
-Cada uno intenta adivinar quién va a sacar la carta más alta. Hacemos apuestas iniciales, y a medida que vamos sacando cada uno una carta vamos haciendo más apuestas.
Después de jugar veinte minutos todavía no estábamos muy seguros si el que ganaba era el que sacaba la carta más alta, el que había adivinado quién la sacaba, o el que quedaba cuando los otros se habían bajado de las apuestas. Como resolver ese conflicto implicaba duelos a muerte y alguna que otra lucha en el lodo[1], nos pusimos a jugar al póker.
Jugamos durante horas y horas, o por ahí durante cinco minutos, nadie sabe. Cuando íbamos por la enésima mano, las tensiones se habían afilado, nos mirábamos paranoicos tratando de leer los gestos ajenos, o los propios, e incluso tratando de darnos cuenta si lo que había en las cartas era un trébol, un corazón o un melocotón.
Rosco empezó a sudar, las tres cartas de sus manos resbalaban y se doblaban en su contorsionado aprisionamiento. Nos miraba sin pestañar, oculto detrás de ese abanico improvisado.
Sin aviso, puso todas sus monedas en el centro de la mesa y gritó:
-¡Yo apuesto a que Paco saca la carta más alta!
-Pero Rosco, ¿vos te diste cuenta que dejamos de jugar a eso hace media hora, y ahora estamos jugando al póker?
Asustado y sin asumir la derrota, se abalanzó sobre el pozo (unos tres pesos en total en moneditas de diez, quince y veinticinco) y salió corriendo por la escalera. Nunca más volvimos a saber de él.
[1] No precisamente con mujeres hermosas.
jueves, 26 de mayo de 2011
Hormiguita, hormiguita.

miércoles, 18 de mayo de 2011
El Camión Floreado

lunes, 9 de mayo de 2011
jueves, 5 de mayo de 2011
El Rey del Caos

El Rey del Caos
“Para él, escribir es una cuestión de poder: maneja el tiempo y el espacio a su antojo, nunca le faltan prostitutas ni drogas pesadas. Dentro de los cuentos es un dios” McPotus.
Conocemos la tendencia psicodélica que tienen los martes a la noche. Claro, como nadie sale en esta ciudad asquerosa, el universo se toma sus licencias y los colores empiezan a tomar formas extravagantes y formar figuras extrañas en el cielo. O por ahí es que se modifican nuestras retinas, o se libera alguna sustancia alucinógena que nos hace flashear lo que ya dijimos. Total, no se rompe el orden del universo, porque no hay nadie en la calle, de forma que nadie se da cuenta. No, esto no es Capital.
Nosotros dos, sin embargo, estábamos ahí en uno de los dos bares abiertos, extasiados por la charla filosófica que sin querer (porque no podría ser de otra forma) había surgido entre ella y yo. Hay algo que tiene la gente de ojos claros que me llama la atención, que es que te miran como si no supieran que los tuvieran. Te encandilan indiferentemente fingiendo que no tienen nada especial, cuando en realidad deberían tenerlos un poquitos más cerrados, por precaución y respeto, y para no levantar tanta envidia.
Ella tenía esos ojos abiertos de par en par como los pone cuando se emociona por algo, y me explicaba con ganas sobre su teoría del caos, pero tuve que dejar de escuchar porque no podía parar de pensar en la tragedia que se aproximaba.
-En definitiva, acepto el caos como estructura del universo, porque si no la vida sería demasiado monótona… me aburriría mucho la verdad.
Tuve que interrumpirla. Detrás suyo las luces del cartel del bar se elevaban y se trenzaban entre las nubes como el pensamiento más retorcido de alguna especie de roedor africano.
-¿Sabés en qué no puedo parar de pensar?
-No, ¿qué pasa?
-Vos estás muy tranquila, explicándome tu teoría del mundo caótico, con la cervecita… todo bien, todo bien digamos. Pero… pero no puedo ignorarlo. Dentro de una hora y dieciséis minutos el muy hijodeputa de tu gato va a mearme la campera.
-Ehm… sí, claro, cuando lleguemos a mi casa. Pero, si lo mirás desde cierto punto de vista, no sé porqué te preocupa tanto si no podés hacer nada para evitarlo. Deberías concentrarte en escribir la situación de esta charla, y por ahí detallar todas las cosas copadas que están pasando en el cielo con las luces de la ciudad. Más adelante vas a llegar a la historia del gato.
-Sí, Pichón, pero… ¡es un forro[1]! Va a mearme toda la campera, sin motivo ni razón, es un forro.
De repente una de las luces que daban vuelta, una particularmente ultravioleta pasaba por arriba de su cabeza y tomó forma de lamparita mientras sus ojos (sí, encima abrió todavía más los ojos, como para dejarme ciego) se abrían de par en par con la epifanía que acababa de tener.
-ES EL CAOS. Es justamente de lo que estábamos hablando. No podés hacer nada para evitarlo porque el hecho de que el gato vaya a mearte la campera es puro caos. ¿Por qué no lo aceptás? Te veo distraído, ¿qué estás haciendo?
-Ah, ¿ahora? Es que estoy en clase de Fundamentos de la Educación, escribiendo esta charla de anoche.
-En realidad esta charla no existió, si te das cuenta, estás forzando a mi personaje de la charla de anoche a responder a tus preguntas posteriores, como lo del gato que todavía no pasó. Incluso ahora estoy dudando que lo de las luces de colores en el cielo sea verdad.
-Bueno, sí, claro. Es que me gusta jugar a ser Dios, o mis últimas neuronas están haciendo una sinapsis un tanto psicodélica.
-Un poco de ambas, seguramente –dijo- pero, ¿entendés lo que te digo del caos? Por ejemplo, ahí se acerca el chico del bastón, que viene a vendernos el libro.
-Ah, entonces vos también sabés lo que va a pasar.
-No te hagas el idiota. Decía que el chico justo se acerca cuando estamos hablando sobre escribir libros, y viene a mostrarnos el suyo. Eso sería orden, pero el hecho de que haya orden dentro del caos, hace que sea más caótico, porque si el caos siempre fuera caos, sería demasiado ordenado.
-Ahí viene Javier…
El chico de los libros, Javier, se ayudaba con el bastón para caminar… tenía algún problema en la pierna izquierda. Pero también lo usaba para espantar las nubecitas fluorescentes que se acercaban a molestarlo y a burlarse de su caminata.
-Hola, chicos, les comento que yo soy el autor de esto libro, me llamo Javier…
-Sí, sí, ya sabemos –le dije-. Ahora, tengo una pregunta para vos. ¿Pensás que el hecho de que hayas aparecido justo cuando hablábamos de vos es orden, o es caos?
-Eh… yo de orden y caos no sé… mi libro trata de la vida y la muerte.
-Sin duda, lamentablemente.
-Esto me recuerda un poco a Pirandello –dijo Pichón.
-A mí un poquito a Lynch. Al final no tengo nada propio, soy plagio de plagio.
-Y bueno, si plagiás bien, no hay problema. No podés pretender ser original en el siglo veintiuno, ¿o sí? A quién le importa, después de todo.
-¿Ya me puedo ir? ¿Me van a comprar el libro, o…?
-No, la verdad que no sé porqué seguís acá, deberías estar tratando de venderle a la parejita de esa mesa.
Javier se fue a donde le dijimos, pero las lucecitas que ahora le daban vueltas alrededor lo tiraron al piso, y quedó como una tortuga intentando levantarse sin éxito. No importó mucho, porque en unos segundos se evaporó.
-Lo único que puedo concluir de todo esto es que no me importa el orden ni el caos, pero siento un profundo odio hacia el meón de tu gato.
-Sabés que todo va a salir bien.
-¿Y vos cómo sabés? Al final, ¿yo te escribo a vos, o vos a mí? Estoy confundido.
Ya no pude verla más porque las luces bajaron de repente en una niebla espesa de color indefinible, pero en el medio de todo eso podía ver sus ojos brillando y escuchar que me gritaba:
-No importa, ¡es caos!
[1] Dícese de los forros.




















